Sabah, la selva que nos comemos todos los días

Sabah, 7 al 12 de mayo de 2017

Una vez terminamos nuestro corto recorrido por Sarawak, nos dirigimos hacia la provincia de Sabah, en la parte nororiental de Borneo, la cual está enmarcada por dos ciudades principales: Kota Kinabalu (KK) y Sandakan.

Nuestro primer destino fue Sandakan, donde después de aterrizar nos fuimos directamente hacia Sepilok, el centro de rehabilitación orangután de esta zona. Teníamos grandes expectativas ya que habíamos leído que era más grande que el de Semenggoh, sin embargo esto resultó ser su principal defecto: cientos de turistas llenaban el lugar a la espera de la hora de alimentación de los orangutanes. El momento mágico para ver a estos hermosos primates de color naranja fue empañado por el exceso de personas y de ruido en el lugar, haciendo difícil observarlos tranquilamente. Otro de sus atractivos es la guardería donde se puede ver a los orangutanes más pequeños a través de unos vidrios pero este día solo uno de ellos salió por un breve momento.

En este mismo lugar se encuentra el centro de conservación de los Osos de Sol, sin embargo un poco desanimados por la experiencia anterior decidimos no visitarlo. Luego de tomar un almuerzo básico, nos recogió el personal de la empresa River Junkie, la cual habíamos elegido para hacer el recorrido por el Río Kinabatangan. Luego de 2 horas en bus, llegamos al hotel de la compañía en la orilla Del Río, allí nos dieron una introducción a todas las actividades diarias que tendríamos durante los próximos 3 días: 6 am recorrido en bote, 10 am caminata por la selva, 4 pm recorrido en bote y 8 pm caminata nocturna.

Según habíamos leído, la selva que rodea al río Kinabatangan era hogar de diferentes especies de primates: monos, proboscis, langures plateados y orangutanes. También en la zona se podían ver elefantes asiáticos, cocodrilos en el agua y una gran variedad de especies. En nuestro imaginario, todo esto nos remontaba a la experiencia que vivimos hace un par de años en Bolivia en el río Yacuma.

La selva lo es todo a nuestro alrededor. Árboles enormes compitiendo por los rayos de sol. Plantas rastreras ocupando hasta el último lugar. Sanguijuelas listas para succionar nuestra sangre. Sonidos envolventes de aves e insectos. La humedad que nos hace sudar solo por el hecho de estar vivos.

Sin embargo, la selva no fue más. El río Kinabatangan hoy en día sólo tiene un par de kilómetros de selva protegida a su alrededor (en el mejor de los casos, casi siempre apenas un centenar de metros), más allá de este pequeño corredor de bosque primario, las plantaciones de palma se han comido la selva, nosotros nos hemos comido la selva, ya que la mayoría del aceite de palma que se usa en múltiples industrias proviene de Malasia e Indonesia (puntualmente de Borneo). La primera vez que escuchamos esto fue en el 2010 cuando Greenpeace produjo un comercial en contra de Nestlé y su producto Kit Kat (contenido sensible):

En su momento y gracias a esta campaña, Nestlé se comprometió a sólo usar aceite de palma de fuentes sostenibles y amigables con el medio ambiente, sin embargo muchos de los productos que consumimos a diario aún están contribuyendo a destruir este frágil ecosistema. De hecho, según el sitio web aceitedepalma.org más del 50% de los productos que encontramos en el supermercado contienen este ingrediente, lo cual podría causar que el 98% del bosque primario de Borneo desaparezca antes del 2022.

Y así lo pudimos comprobar. En las diferentes salidas que hicimos durante nuestros 3 días/2 noches en el río Kinabatangan, no vivimos la exuberancia que esperábamos. Al caminar por la selva (tanto de día como de noche) sólo vimos algunos pájaros e insectos y en las salidas en bote por el río pudimos ver a lo lejos algunas manadas de macacos, monos proboscis, unos cuantos langures plateados y un par de cocodrilos, en cantidades menores a las que esperábamos y definitivamente muy inferiores a las que vimos en el Parque Bako en Sarawak.

La logística de la empresa fue impecable, las instalaciones del alojamiento y la alimentación muy por encima de nuestras expectativas, la amabilidad y profesionalismo del personal excelentes, pero definitivamente la selva ya no es tan extensa como para servir de santuario a la vida salvaje y nuestro sentimiento general fue de desilusión. Al regresar a KK pudimos comprobar cómo las plantaciones se extendían por kilómetros y kilómetros, de hecho no vimos más que cultivos de palma en todo el recorrido.

Una vez terminamos este trayecto, viajamos a Kota Kinabalu donde nos quedamos por 3 días. Desde allí se puede hacer una caminata al monte Kinabalu (la montaña más alta de Borneo), sin embargo nos pareció que el precio era excesivo y decidimos omitirlo. Alternativamente, David hizo rafting uno de los días y el otro hicimos un recorrido en bote a las islas Manukan y Sapi.

El recorrido por las islas también nos decepcionó un poco. Habíamos leído que era un buen lugar para hacer snorkeling pero al llegar encontramos el arrecife bastante dañado y cientos ¡cientos! de turistas en medio de la zona designada para nadar. En Manukan hicimos una pequeña caminata y en Sapi almorzamos y estuvimos por un momento en el mar (hasta que se desató una lluvia bastante intensa que hizo el regreso a KK muy incómodo).

En definitiva Borneo nos dejó con sentimientos encontrados, mientras los primeros días en Sarawak fueron maravillosos, llenos de la naturaleza que no habíamos visto en el resto del sudeste asiático, la visita a Sabah careció de grandes atractivos y nos impactó con la destrucción acelerada que está teniendo esta zona de Malasia. Es triste sabernos parte del problema y no tener claro cómo realmente ayudar a ser parte de la solución. Nuestro planeta cada vez es más inhóspito para los animales y tememos que muy pronto algunas de estas especies que hemos tenido el privilegio de conocer, desaparezcan para siempre.

 

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