Amanecer en el Rinjani

Volcán Rinjani, Isla de Lombok (Indonesia) 21 y 22 de abril de 2017

Un viento helado soplaba sobre mi cara mientras podía ver las primeras luces del alba en el horizonte. Detrás de mis pies, una larga fila de luces amarillas serpenteaba sobre la montaña en un lento y suave movimiento, eran las linternas de quienes seguían nuestros pasos en la oscuridad, aún lejos de la cima. No éramos más de cinco los que estábamos allí. A mi lado, Alex, mi compañera de viajes y aventuras desde hace casi dos décadas, apenas alcanzaba a encogerse un poco para soportar las frías temperaturas del amanecer. Estábamos en la cima del Volcán Rinjani, el segundo más alto de Indonesia.

Nos tomó un poco de trabajo llegar hasta aquí, no por el extenuante ascenso, sino por la comodidad de las islas Gili cuyo encanto nos sedujo hasta el punto en que no queríamos salir de allí. Sin embargo, sabíamos que teníamos que hacer el Rinjani. Ya habíamos visto sus espectaculares paisajes en fotos de otros viajeros y leído decenas de crónicas que relataban con lujo de detalles su escarpado terreno y la dificultad de sortearlo.

De repente, el sol nació como lo ha hecho desde hace más de 4.000 millones de años. Un amanecer más, tan único, que parece como si fuera el primero. En el papel, parece ridículo caminar horas y soportar frío para presenciar algo que ya has visto antes. Pero una vez estás allí y puedes ver cómo el sol comienza a pintar el cielo de naranja y a traer vida a lo que antes lucía muerto y oscuro, te das cuenta que todo ha valido la pena.

El día anterior habíamos llegado a ciudad de Sembalun en la isla de Lombok, de la mano de la compañía Rinjani Tropis, quienes nos ayudarían con los transportes necesarios, guía y porteadores para subir a la montaña. Éramos un grupo de cuatro personas que luego se unió a otro de unas seis que harían un recorrido más corto.

La llegada al anillo de Volcán que sirve como campamento base para subir a su cima, no nos tomó más de cinco horas en medio de una lluvia que apenas terminó hasta bien entrada la noche. El ascenso a la cima comenzó a las dos de la mañana y, a un paso moderado, pudimos sortear las dificultades del camino hasta llegar a eso de las 5:30 a su punto más alto.

El mismo día, luego del pronunciado descenso, continuamos hasta el segundo campamento ubicado en el costado noroccidental del anillo. Fue una larga jornada, con un total de 14 horas caminadas que, entre ascensos muy pronunciados y otros tantos descensos, nos enseñó un paisaje totalmente encantador. El lago con el pequeño volcán Barujari, aún activo, adornaron nuestro día durante la mayor parte del recorrido.

Acampamos en el POS III, un poco más abajo del anillo. Al llegar, nuestros porteadores ya tenían listo el campamento y estaban preparando una básica cena compuesta por arroz con vegetales, galletas de camarón, huevo y  y te. Estos valientes hombres hacían el recorrido en sandalias cargando por lo menos 20 kilos cada uno. Nuestro esfuerzo no era digno de ser comparado con el de ellos.

Así, dando las 12 del siguiente día, nos dependíamos de nuestros compañeros de caminata Rebecca de Irlanda, Gabriel de Canadá y Julian de Francia. Cada uno continuaría su viaje y su vida por un camino diferente, pero sabíamos que aquel amanecer en la cima de ese gran volcán, nos uniría por siempre.

Atrás quedaba nuestro guía y los tres porteadores. Sus sonrisas inagotables y cálidas despedidas nos hacían sentir únicos. Como se siente cada uno de los miles de turistas que llega a estas tierras. Para nosotros, una experiencia de nunca olvidar, quizás para ellos, unos más. Comenzaba la temporada así que al día siguiente, ellos estarían de vuelta en la montaña, haciendo lo que mejor saben hacer, caminar.

 

Algunos datos importantes para ascender al Rinjani:

  • Es una caminata físicamente exigente, vimos muchas personas sufrir porque sin un buen estado físico, especialmente el ascenso que es bastante empinado, se les dificultaba mucho.
  • Aunque Indonesia es un país tropical, la cima del volcán está a 3,726 metros sobre el nivel del mar y las temperaturas la madrugada del ascenso pueden descender considerablemente. Nos sorprendió ver muchas personas sin la ropa mínima necesaria para enfrentarse a la montaña y una irresponsabilidad de la empresa no verificar con anterioridad esto.
  • La temporada de ascenso va de abril a noviembre ya que durante la temporada de lluvias es peligroso y mucho más difícil hacer el recorrido. Nosotros lo hicimos cuando apenas está empezando la temporada y por momentos se sentía bastante congestionado, así es que recomendamos evitar los meses de julio y agosto que es cuando más personas van.
  • Vimos en la oficina del parque que se preocupan por crear políticas para que el ascenso al volcán sea seguro y tenga mínimo impacto ambiental, sin embargo en la práctica no son tan estrictos (o no hay nadie controlando) así es que en algunos lugares observamos basura y un mal manejo de los baños (que no son más que un agujero que cavan los porteadores cada día, pero algunos lo dejaban sin cubrir de tierra al día siguiente).

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