Visitando una de las islas más bonitas del mundo

Isla Palawan (Filipinas) del 13 al 21 de Mayo de 2017

Meses atrás en Colombia, leyendo una de las tantas publicaciones de viaje que suelen llegar muchas veces por casualidad a mis manos, me enteré de un lugar llamado Palawan que en 2015 había ganado el premio a la isla más bonita del mundo. Un título, que si bien subjetivo y exagerado, no dejaba de causarme una gran curiosidad por ese remoto lugar.

Filipinas nunca había estado en mi mente. Usualmente catalogado como un país inseguro y con una infraestructura turística bastante básica, hacían que este fuera menos interesante que sus vecinos asiáticos los cuales gozan de una mejor reputación. Este país, que llegó a ser después de Japón la segunda economía más desarrollada de Asia y hoy es una de las peores gracias a sus malas administraciones, no ha dejado dejado de tener violencia y corrupción en todas sus formas, desde su independencia en 1.965.

Llegamos a su capital Manila desde un vuelo de Kota Kinabalu en Sandakan Borneo (Malasia). No nos detuvimos allí. Tras una escala de más de cinco horas en la arcaica terminal doméstica del Aeropuerto Internacional Ninoy Aquino, volamos a Puerto Princesa, capital de la provincia de Palawan, ubicada al sur del país en la isla del mismo nombre. Aunque en muchas partes nos recomendaron no quedarnos en Puerto Princesa, nos vimos obligados a hacerlo por un par de noches para evaluar las opciones disponibles para visitar Río Subterráneo y El Nido, los dos lugares por lo que habíamos venido a este país.

El malecón de Puerto Princesa
El malecón de Puerto Princesa

No nos sorprendimos al notar que en efecto Puerto Princesa no tiene mucho para ofrecer al turista. Con un malecón sucio y maltrecho, calles sin aceras atestadas de los famosos triciclos y un calor excepcional, hacen de esta ciudad más un lugar de paso que un destino turístico.

Algunas averiguaciones y una corta reunión en nuestro hotel, fueron suficientes para contratar el transporte que en un mismo día nos llevaría a visitar el famoso río subterráneo y de allí, nos dejaría en la ciudad de El Nido donde por pura coincidencia, de esas imposibles de creer, nos encontraríamos con mi primo Esteban y su esposa Karolina. Ya previamente habíamos desistido de quedarnos a dormir en Sabang, la población más cercana al río, que si bien representaba una oportunidad de hacer la visita más temprano y por ende con menos turistas, no ofrecía nada especial y si nos quitaba días para estar en El Nido.

Tras poco más de una hora de camino, llegamos al puerto de Sabang donde salen los botes para el río. De inmediato, nos sorprendió la organización del lugar. Para manejar las grandes cantidades de turistas, todos son separados por grupos y a cada uno se le asigna una hora específica para hacer el recorrido. A pesar de la cantidad de personas, todo fluía muy rápido y al cabo de media hora de espera, nuestro grupo fue llamado a abordar la embarcación que nos conduciría a la Playa San Pablo, punto de entrada al parque natural. Una selva espesa adornando la costa y ausencia total de civilización, representaban un buen presagio para el espectáculo natural que estábamos prontos a disfrutar. En el mismo orden y tras 20 minutos de navegación, fuimos conducidos a una pequeña embarcación, esta vez impulsada a través de remo, en donde se nos proporcionó un casco y una audioguía de esas que dan en los museos. El orden impecable de la atracción, no dejaba de sorprenderme.

Así fue entonces como nos dirigimos al interior de la cueva que hospeda este río, en donde por millones de años, las filtraciones de agua a través de la gran montaña encima de nosotros, han dado lugar a las más creativas formaciones de estalactitas y estalagmitas de piedra caliza. El río subterráneo que es navegable por un tramo de 8 km y del cual nosotros solo navegamos 1.5 km, es el segundo más largo del mundo y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1999 y una de las siete maravillas del mundo natural en el año 2011. El turismo controlado y las precauciones impartidas a cada uno de lo visitantes para no dejar la más mínima huella han podido preservar esta lugar en su forma más prístina. En definitiva, es una maravilla que vale pena ver.

 

El Nido

Las calles de El Nido, caos y mucho comercio
Las calles de El Nido, caos y mucho comercio

De salida del parque, una van nos condujo por 4:30 horas hasta El Nido. la oscura noche y nuestro básico hotel Bunakids no impidieron que pudiésemos notar que El Nido no era más que un pueblo caótico, un tanto sucio y plagado de turistas de todas partes del mundo. Sin embargo, sabíamos que esa no era la razón por la que estábamos allí. Sus islas aledañas son las que le han dado la fama a esta lugar y las que han inspirado a directores de cine e inclusive a Alex Garland quien se basó en estos paisajes para escribir su famoso libro La Playa.

Saliendo de El Nido en cualquiera de los tours
Saliendo de El Nido en cualquiera de los tours

De los diferentes toures que existen, que son 4 nombrados de forma creativa con las primeras letras del abecedario, habíamos escogido el A y el C por ser los más recomendados. Ambos, incluían transporte en bote a cinco lugares y almuerzo cocinado por la misma tripulación. Todo por 4.000 pesos filipinos la pareja y dos días de diversión, nos pareció un excelente precio. Entre los lugares que visitamos se encontraban Helicopter Island, Secret Beach, Hidden Beach, Small, Big y Secret Lagoon. Son tan espectaculares que no tiene sentido seleccionar un favorito. El tour A es más para ver paisajes y el tour C está más enfocado en snorkeling.

El Tour A

El Tour C

Nos quedamos otros dos días en los que no tomamos los tours de las islas sino que alquilamos una motocicleta para ir a la Playa Nacpan en la mañana y a la Playa Las Cabanas / Maremegmeg en la Tarde, lugar al que regresamos al día siguiente para hacer un recorrido en kayak y ver de nuevo su hermoso atardecer.

Nacpan

Las Cabanas / Maremegmeg

Así entonces comenzó lo que sería el acercamiento a uno de los lugares más hermosos que hemos visto. Después de haber estado en playas en buena parte del mundo, puedo decir que Filipinas y en particular su isla Palawan, merecen por lo menos en alguna medida, el despampanante apodo de la Isla más Bonita del Mundo. En compañía de mi primo Esteban y su esposa Karolina, disfrutamos de sus lagunas, islotes y playas paradisiacas a todas nuestras anchas. No obstante, lo más agradable de este viaje fue conocerlos más a fondo. Fueron muchas las horas las que dedicamos a hablar de política, de religión, de viajes y de la vida en general. En fin, cosas que usualmente no se hablan con un familiar, pero que cuando se está en un ambiente diferente y aislado, surgen espontáneamente.

El Nido quedará por siempre en nuestras mentes evocando un lugar salvaje y lejano en el que la naturaleza aún permanece intacta. Un paraje de una belleza singular al que seguro podremos viajar en nuestras mentes desde la realidad de cualquier día cotidiano, conservando siempre la esperanza de, como en esta ocasión, encontrarlo de nuevo en el camino.

Hidden Beach
Hidden Beach

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