Yakarta, El Gran Durian del Sudeste Asiático

Yakarta (Indonesia), 28 y 29 de abril de 2017

Llegamos a Yakarta, la capital y a la vez la ciudad más grande Indonesia, un 28 de abril en la noche sin muchas expectativas. Sería para nosotros un lugar de paso hacia Malasia, nuestro próximo gran destino.

El Hotel Ibis que habíamos seleccionado se encontraba en una zona central justo al lado del Museo Nacional y de la gran Plaza Merdeka donde se encuentra una torre de 132m de alto que simboliza la lucha de los Indonesios por la independencia de los Holandeses llamada el Monumento Nacional.

Pues bien, en la mañana del día siguiente y luego de una acalorada trotada alrededor de la plaza, nos dirigimos al Museo Nacional donde por suerte coincidimos con el tour gratuito que se da algunos sábados al mes. Nuestra guía, expatriada de la India y residente en la capital desde hace más de 10 años, nos llevó por más de dos horas a través de los puntos más interesantes que a su juicio tenía el lugar. El museo está muy bien organizado y documentado y recomendamos completamente su visita.

Fue así como conocimos la historia de un sin número de maquetas que representaban la arquitectura de las casas de los diferentes grupos étnicos, como también las embarcaciones más típicas usadas por los antepasados para navegar por las diferentes rutas comerciales la gran mayoría de ellas pasando por el norte y sur de África y la península Arábica.

Durante el recorrido hubo una pequeña exposición de la evolución del hombre que llamó mi atención. No era para menos, en Indonesia se habían encontrados dos elementos clave para entender nuestra procedencia: El Hombre de Java, el cual es el mejor representante del Homo Erectus asiático que vivió en estas tierras por más de 2 millones de años, usualmente conocido como el Pitecántropo, y El Hombre de Flores de quienes se dice fueron los últimos hombres con los que compartimos la vida en este planeta hace 13 mil años.

En la tarde, decidimos movernos un poco fuera de la zona y, atendiendo la sugerencia de nuestra guía en el museo, fuimos a la plaza Fatahillah (Kota Tua) situada a tan solo unos 20 minutos en transporte público. Allí lo más destacado era conocer los canales y el famoso Café Batavia. Ninguna de las dos cosas nos sorprendieron realmente a parte de los exorbitantes precios del café en donde por un espresso se puede pagar fácilmente más de 5 dólares.

De vuelta a la comodidad de nuestro hotel Ibis, pudimos reflexionar que Yakarta, conocida entre los expatriados como El Gran Durian*, nos dejaba una imagen mucho más positiva de lo que hubiésemos esperado. Sus amplias avenidas, calles relativamente limpias y un destacado Skyline que la pone en el diecisieteavo puesto por sus rascacielos, dista mucho de la vida rural y tranquila que pudimos presenciar en la mayor parte de nuestros destinos dentro de este país.

Así, un 30 de abril de 2017 al medio día, dejábamos este gran archipiélago de más de 17 mil islas y de las cuales solo habíamos conocido unas pocas. En Indonesia buceé con Mantas de 4 metros de ancho. Conocí los míticos dragones de Komodo. Dormí en un barco al lado de una playa rosada. Conocí la viva cultura de Bali y su encantador Ubud. Me dejé llevar por los intrincados caminos de Nusa Lembongan. Conocí mi propio paraíso en las Islas Gili. Subí el Volcán Rinjani para ver uno de los amaneceres más espectaculares. Conocí el templo budista más grande del mundo en Borobudur y me dejé sorprender por la vida agitada de su capital. Habían sido sin duda muchas cosas para un sólo mes, pero a la vez muy pocas para un país tan diverso. No había despegado nuestro avión cuando ya hacíamos la promesa inquebrantable de regresar.

* El Durián es una fruta común en el sudeste asiático que tiene un olor característico muy fuerte (que para quienes no estamos acostumbrados puede resultar desagradable).

 

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