Tofo, el paraíso escondido

Tofo, 26 al 31 de agosto de 2017

Continuamos nuestro viaje por Mozambique tal como inició, sin ninguna expectativa y abiertos a recibir lo que pudiésemos encontrar.

Luego de unas noches en el hostal Complexo Alemanha de Vilanculos, tomamos una chapa (como se llaman los mini buses en Mozambique) que por unas 4 horas y media nos llevó por una carretera, en mucho mejor estado que las anteriores, hacia Tofo, una pequeña villa de la provincia de Inhambame, situada a orillas del Océano Índico.

Habíamos decidido ir a allí por ser particularmente bueno para bucear y sobretodo el mejor lugar del mundo para ver tiburones ballena. Pues bien, llegamos sin problemas al hostal Pariango Beach propiedad de otro alemán. La pequeña choza qué teníamos como habitación, la buena cocina comunal y la cercanía a la playa, serían suficientes para garantizar por lo menos un cómoda estadía.

Nuestra cabaña
Nuestra cabaña

Casi de inmediato este lugar nos sorprendió. Su ambiente turístico pero con una buena mezcla de vida local en medio de una hermosa y limpia playa demasiado grande para los pocos habitantes y visitantes del momento comenzaron a darnos una idea de lo bien que la pasaríamos.

Luego de usar el primer día para caminar por el lugar y conocer las diferentes opciones de buceo y actividades, decidimos usar las compañía Liquid Diving, ubicada a tan sólo una cuadra de nuestro hostal y con un descuento del 20% para los huéspedes.

Pues bien, por cerca de 5.400 Meticais (alrededor de 90 dólares), contraté dos buceos de profundidad y, por una cifra similar, una salida a ver ballenas el día siguiente. En este proceso, fue una decepción enterarnos que los tiburones ballena no se suelen ser fáciles de ver en esta época, siendo Octubre a Diciembre los meses ideales para hacerlo. Sin embargo el avistamiento de las grandes ballenas jorobadas estaba casi que asegurado y mucho más cuando nosotros mismos desde la playa podíamos apreciar sus grandes saltos.

Desde la playa podíamos ver a las ballenas
Desde la playa podíamos ver a las ballenas

Los buceos de día siguiente estuvieron bastante bien. Tras una turbulenta entrada al agua y un mar bastante agitado como presagio de una gran corriente submarina, de manera sorprendente pudimos tener dos tranquilos buceos de 30 y 25 metros de profundidad. La visibilidad era pobre y la temperatura de agua más fría de lo deseado a pesar de los 5 milímetros de neopreno que cubrían nuestros cuerpos. No hubo avistamientos extraordinarios, pero si grandes morenas, una hermosa langosta, un gran Grouper que pretendía jugar con nosotros y hermosos cardúmenes de cientos de peces Ángel y Sargento.

Entrada al mar para bucear
Entrada al mar para bucear

El día siguiente no hubo avistamiento de ballenas, pues Alex estuvo un poco indispuesta situación nada ideal para embarcarse en el turbulento océano. Decidí pues hacer otro buceo, esta vez en compañía de otros dos buzos y dos instructores. En esta ocasión, al ser más personas, pudimos desplazarnos hacia la parte sur del lugar donde quedan los sitios de buceo más lejanos y de paso, donde hay grandes probabilidades de ver tiburones. Al igual que el día anterior, las condiciones de visibilidad y oleaje no fueron muy buenas con lo cual las posibilidades de ver grandes peces se disminuyeron. Tan solo un pequeño tiburón se dejó ver al son del canto de las ballenas que sentíamos bastante cerca en medio de un azul más bien turbio que las ocultaba. Lo mejor de día fue poderlas apreciar saltando a tan solo unos metros de nuestro bote mientras hacíamos el tiempo de intervalo de superficie.

Los días en Tofo siempre tuvieron una rutina muy marcada. Levantada temprano, trote o ejercicio por la carretera pavimentada que conecta con Inhambame, cocinar un suculento desayuno con productos frescos del mercado local y pasar el resto de día en amenas charlas con viajeros Israelitas, Españoles, Alemanes, Ingleses, Belgas saboreando un delicioso café o sumergiendo los pies descalzos por horas en la cálida y blanda arena de la playa.

Mozambique puede tener muchas cosas por mejorar. Sus carreteras, su corrupta policía, su latente guerrilla opositora y la corrupción de sus instituciones. Nada extraño para la mayoría de los países latinoamericanos. En medio de todo esté caos, Tofo se levanta como un lejano paraíso que aún no ha sido conquistado por las hordas del turismo masivo y al que sólo intrépidos viajeros que buscan un poco más allá de lo común, suelen llegar. Estamos seguros que meses más adelante, en medio de nuestras agitadas vidas de oficina, pantallas y concreto, evocaremos este edén maravilloso como un lugar al que definitivamente quisiéramos regresar.

Nuestro pequeño paraíso
Nuestro pequeño paraíso

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