Desiertos blanco y negro en el Sahara Egipto

Recorriendo el Sahara en Egipto: los desiertos blanco y negro

Desierto del Sahara, septiembre 20 al 22 de 2017

Sarah, una de las empleadas del Freedom hostel, nuestro alojamiento en El Cairo, es de esas personas que realmente te hace sentir como en casa. Nos ayudó a organizar nuestra ruta por Egipto, nos dio información invaluable sobre los destinos y nos sugirió, ante nuestro interés por ir al Sahara, tomar un tour a los desiertos blanco y negro. Confirmamos las fechas, hicimos el pago y… ¡no supimos más! Por alguna razón inexplicable no pedimos más detalles y así comenzó nuestra ruta hacia el desierto, dejándonos llevar por el conductor del hotel hasta la estación de mini buses, por el conductor del mini bus que nos dejó en manos del transfer del hotel en el destino, por el del hotel que nos llevó al punto de inicio del tour, por los del tour que nos montaron en el mini bus de regreso a El Cairo… nunca sabíamos para donde íbamos, quien nos recibiría, qué estaba incluido, en fin… por primera vez en muchos años íbamos en piloto automático sin tener total control de nuestro recorrido.

Y lo más increíble es que todo funcionó a la perfección. Cada persona en la cadena se ocupó de entregarnos a la siguiente, darle las instrucciones respectivas y así de uno en uno garantizar que nuestra experiencia al final no tuviera ninguna complicación. Este fue nuestro recorrido por una pequeña parte del Sahara, el desierto caliente más grande del mundo que comprende 9.2 millones de km cuadrados y se extiende en el norte de Africa de extremo a extremo, como una gran mancha de arena, interrumpida sólo por los oasis y por el río Nilo.

 

El oasis Bahareya

Nuestro primer destino fue el pueblo Bawiti, al lado del oasis Bahareya. En mi imaginario, un oasis era un pequeño lago (del tamaño de una piscina), rodeado de palmeras. Y seguramente hay oasis así, pero este era enorme, una gran mancha verde después de 373 km de atravesar el desierto desde El Cairo. De hecho, en este caso la fuente de agua era subterránea y la toman de allí para convertirla en acueducto.

Oasis Bahareya en el desierto del Sahara, Egipto. Dunas, árboles de dátiles y el lago salado en un solo lugar
Oasis Bahareya en el desierto del Sahara, Egipto. Dunas, árboles de dátiles y el lago salado en un solo lugar

Desde nuestro hotel nos organizaron un recorrido de un par de horas en el que, después de atravesar una zona de palmeras y probar los dátiles directamente del árbol, llegamos al lago salado. Ya me imaginaba la decepción de los antiguos nómadas viendo este lago desde lejos para al final descubrir que no era agua potable. El lago ofrece un espectáculo interesante, en las orillas debido a la evaporación del agua se pueden observar bloques de sal que son usados para la construcción.

Nuestro siguiente destino fue la pirámide natural, una montaña que desde lejos efectivamente parece una de las tumbas construidas por los faraones. Desde allí pudimos tener una hermosa vista de la zona. A pocos kilómetros estaba la piscina artificial formada por el agua subterránea del oasis la cual usan los locales (y visitantes) para darse un baño, pero a pesar de ser muy atractivo con el calor que hacía afuera lo cierto es que el agua también estaba caliente y no era refrescante. Terminamos el día viendo el atardecer en la montaña El Inglés donde hay unas pequeñas ruinas, vestigios de la cabaña construida hace algunos años en este lugar.

 

El desierto negro

Nuestra aventura de los próximos dos días comenzó parando en el desierto negro, un lugar donde una piedra llamada dolerita cubre la arena, dándole este color característico. Se dice que es de origen volcánico y ofrece un paisaje interesante que contrasta con el blanco que veríamos posteriormente.

La montaña de cristal

Una de las paradas que hicimos en la ruta de Bahareya a Farafra fue en esta montaña donde se pueden observar pequeñas formaciones de cristales, los cuales se desprenden fácilmente de la roca.

El Valle de los champiñones

Ya adentrándonos en el desierto blanco, pasamos por una zona en la que, debido a la erosión, las piedras han tomado formas caprichosas como champiñones, algunas con nombres propios como el de la gallina o los helados.

El desierto blanco

Nuestro destino final fue un pedazo de desierto al lado de una pequeña colina, allí nuestro guía instaló un biombo tras el cual instaló nuestro campamento. Rápidamente extendió un tapete y algunos colchones que nos sirvieron inicialmente para sentarnos a cenar y posteriormente para dormir. Hizo una hoguera en la que cocinó en las brasas el pollo y encendió un fogón de gas para preparar el arroz, la sopa y el té que, con unos vegetales, completaron nuestra comida. Vimos el atardecer sobre las formaciones de cal que parecían nata montada esparcida caprichosamente sobre le desierto. Fue una noche increíble, sólo cubiertos por nuestros sleeping bags podíamos ver las estrellas en un cielo completamente despejado y ausente de luz artificial.

Muy temprano al día siguiente, Miguel nuestro guía nos despertó para tomar el desayuno y ver el amanecer. El sol iluminó de nuevo este sitio en el que durante milenios los beduinos han pasado noches amaneciendo cubiertos de arena como lo hicimos nosotros.

 

En definitiva el recorrido por los desiertos blanco y negro vale mucho la pena y es una experiencia difícil de replicar en otras zonas del mundo. La mayoría de las personas sólo se quedan una noche, pero considerando que son más de 5 horas desde El Cairo nuestra recomendación es dormir dos noches, a nosotros nos costó US$120 con todo incluído: los transportes, comidas y guías. Lo único que tuvimos que pagar adicional fue algunas bebidas y las propinas, ya que en Egipto en general los salarios son bajos y los guías cuentan con ellas para complementar sus ingresos.

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