Roma, el esplendor de Occidente

Roma, 17 al 20 de julio de 2017

De Roma, se dicen muchas cosas. Que es la ciudad más maravillosa del mundo occidental, que es un museo viviente, que ha ejercido una fuerte influencia en el mundo a los largo de sus 2.500 años de existencia, que el mundo, sin Roma, no sería el mismo.

Arco di Costantino
Arco di Costantino

Así pues, con estos antecedentes y, sin muchas pretensiones, el lunes 17 de julio de 2017, llegamos a Roma para disfrutar de ella a nuestra manera: caminando, haciendo deporte, evitando cualquier tipo de tour organizado y, sobretodo, sin atiborrarnos de museos.

Nuestro hospedaje Wood B&B situado sobre la Viale Manzoni parecía ser el lugar ideal para recorrer la parte de la ciudad que más nos interesaba. A tan solo un par de kilómetros del afamado Coliseo Romano y unos cuantos más del centro histórico y los Museos Vaticanos, nos permitía caminar o desplazarnos unos cuantos minutos en bus o metro y olvidarnos de los pases diarios de transporte público que se ofrecen por doquier en las zonas turísticas.

Nuestro primer destino fue el Coliseo Romano. Habíamos comprado los pases días antes por internet, muy recomendable por la cantidad de turistas que lo visitan especialmente en esta época del año, lo cual nos permitió dirigirnos de inmediato a la taquilla y evitar la larga fila que, dando apenas las 8:30 de la mañana, ya se formaba dando la vuelta a la mitad del perímetro de la plaza. La audioguía que alquilamos nos supo llevar por las principales zonas de la estructura y narrar algunos acontecimientos históricos interesantes que han sido plasmados en cualquier guía de viaje.

Si bien es impresionante apreciar las ruinas de una estructura que fue inaugurada hace casi 2.000 años y que sirvió para una clase de espectáculo que hoy en día resultaría totalmente aberrante, es más sorprendente darse cuenta como este tipo de construcciones ha permeado toda la sociedad moderna convirtiéndose en un pilar fundamental del entretenimiento masivo. Los estadios y coliseos deportivos lucen hoy en día como una copia, en algunas ocasiones magnificada, del antiguo Coliseo Romano.

Una vez concluida la visita al Coliseo, caminamos por el Palatino y el Foro Romano, al cual se ingresa con el mismo boleto del Coliseo. Se dice que este es el lugar donde Rómulo fundó la ciudad en el año 753 antes de la era actual y donde los emperadores vivieron sus días en medio de un lujo despampanante. El lugar es bien agradable más por sus jardines y bellos árboles, que por sus ruinas que lucen demasiado arcaicas dejando mucho espacio a la imaginación. Del Gran Circo Massimo del cual se dice que en sus mejores épocas llegó a albergar hasta 250.000 espectadores, solo queda un peladero  de pasto que en esta época del año luce amarillento y a media vida por la ausencia de lluvia.

Foro Romano / Palatino
Foro Romano / Palatino

Pues bien, al día siguiente nos decidimos armarnos de paciencia y explorar por alrededor de cuatro horas los famosos Museos Vaticanos. Al igual que los boletos del Coliseo, estos los habíamos adquirido previamente por Internet y a una hora establecida, decisión de nuevo muy recomendable teniendo en cuenta las más de dos cuadras de fila en medio de un sol espectacular que se formaba a la hora de nuestra llegada.  Ni en Disneylandia había visto yo estas hordas de gente que se funden en una masa amorfa moviéndose lentamente por los diferentes pasillos que juntos suman más de 7 kilómetros de recorrido.

Una multitud constante visita los museos Vaticanos
Una multitud constante visita los museos Vaticanos

Fundados por el Papa Julius II a inicios del siglo 16 y agrandados por los pontífices subsiguientes, este grupo de Museos representa una de las colecciones de arte más importantes del mundo. A lo largo del recorrido nos encontramos con un sinnúmero de hermosas obras realizadas por artistas como Miguel Ángel y Botitcelli, de las cuales, dada nuestra ignorancia en este tipo de artes, ni sospechábamos de su existencia, pero que han resultado ser una fuerza influenciadora para el arte renacentista y moderno que las prosiguió. De hecho aprendimos que al afamado Miguel Ángel se le conoce como el padre del arte occidental moderno, un título para nada despreciable si consideramos las explosiones artísticas que llenan nuestro mundo no solo en la escultura y en la pintura sino en cosas más comunes como la arquitectura y la moda.

Uno de los Museos que más nos impresionó fue el Egipcio por su variedad de artículos recolectados por el Papa Gregorio XVI durante toda su vida. Admiramos cada pieza, pensando que tal vez no podríamos apreciar tal variedad en nuestra próxima vista a Egipto al final de este viaje. El museo de arte contemporáneo que en 36 salas exhibe arte religioso dentro de las que en encuentra una obra de Van Gogh y algunas otras de Monet, Camilo Pizarro, Manet e inclusive de latinoamericanos como Diego Rivera y Botero, fue para nosotros uno de los que más disfrutamos. Llegando al final del recorrido, tuvimos una gran decepción al enterarnos que el Museo Etrusco, que suscitó un gran interés momentáneo en nosotros, estaba temporalmente cerrado y que para ingresar a la famosa biblioteca se necesitaba un permiso especial, con el cual obviamente, yo no contaba.

No es de sorprender que lo que es la atracción más importante para la mayoría de las personas, también lo fuera para nosotros. La Capilla Sixtina cierra el recorrido de forma magistral. El techo pintado por Miguel Ángel y que le tomó 4 años en completar ilustra diferentes figuras bíblicas con la imagen de Adán y Eva en el centro, representando La Creación. Sin embargo, esta obra maestra como las realizadas por Botticelli y Rafael, palidecen en comparación con lo que se encuentra en el muro posterior al ingreso principal. Se trata de El Último Juicio en donde el mismo Miguel Ángel ilustra una gran cantidad de cuerpos humanos que pretenden llegar hacia un Cristo salvador mientras un sinnúmero de demonios impiden su épico ascenso.

Nuestro día culminó visitando La Basílica de San Pedro. Bien vale la pena los 40 minutos de fila que tuvimos que hacer para apreciar la que se dice es la basílica más grande, rica y espectacular de todo Italia y probablemente de todo el mundo. Esta basílica es el resultado de la que se construyó en el año 349 sobre la tumba del mismo Pedro, apóstol fundador de la Iglesia Católica y luego reconstruida hasta sus dimensiones actuales por 120 años entre los siglos 14 y 15. A parte de sus impresionantes dimensiones con hermosas paredes de mármol, en el lugar se encuentran muchas bellas esculturas incluyendo la famosa Piedad de Miguel Ángel. No menos espectacular, son las muchas tumbas de los Papas pasados que, contrario al votos de pobreza que que debe hacer el cuerpo clérigo de la Iglesia Católica, muestran un derroche de recursos apenas comparable con los de las tumbas faraónicas.

El día siguiente, tal como lo habíamos previsto, nos dedicamos a explorar el centro histórico lo cual fue para mi redescubrir un lugar que ya había recorrido en tres ocasiones, a 12 kilómetros por hora, los días anteriores. Visitamos entonces el Altare della Patria, el Río Tíber, La Piazza Navona con su majestuoso Obelisco construido e importado directamente de Egipto y su espectaculares fuentes, y el impresionante Panteón de Adriano del que se dice, y con total razón, es el monumento mejor preservado de la Roma Antigua. Con más de 2.000 años de antigüedad su gran Domo de concreto es el más grande alguna vez construido. Terminamos el recorrido en la Fontana de Trevi que está reluciente tras su última restauración del año 2015. Cuenta la tradición que debes arrojar una moneda a la fuente si quieres volver a Roma, hecho que de forma muy curiosa le deja a la ciudad un promedio de 3.000 euros por día.

Culminar nuestro recorrido por Italia con la maravillosa Roma fue sin duda la mejor forma de comprender la grandeza de un país o más bien una civilización que ha marcado el destino de la humanidad por incontables generaciones. Bien podríamos decir que, desde cosas que muchas veces damos por hecho como lo puede ser el sistema de acueducto y de calles bien estructurado, hasta el complejo sistema de impuestos, la Gran Roma, el Gran Imperio, ha sabido perpetuarse hasta en los lugares más recónditos del mundo Occidental.  Así dejamos Roma, felices por poder apreciar su grandeza y seguros de que estará siempre allí por siempre como lo ha estado por los últimos 2.500 años.

Il Vittoriano
Il Vittoriano

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  1. Responder

    Alexandra Salazar

    Ale y David, me encantó su blog sobre Roma, reviví mi viaje de nuevo!! abrazos incansables guerreros!!!

    1. Responder

      Alexandra Castrillón

      Gracias Ale, siempre una fiel lectora 🙂

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