Dejarlo todo e irse a recorrer el mundo

 

En un par de semanas comenzaremos nuestro segundo viaje alrededor del mundo y el comentario más frecuente que escuchamos es “¡Qué envidia! quisiera hacer lo mismo” y lo que para nosotros es normal (dejarlo todo e irnos a recorrer el mundo) para la mayoría de las personas apenas es un sueño lejano que pueden hacer otros pero no ellos mismos.

Pero ¿por qué? bueno, en muchas conversaciones que hemos tenido sobre el tema, con personas de todas las edades, profesiones, niveles socio económicos, religiones y culturas, los motivos son más o menos los mismos:

 

No tengo dinero suficiente

Parece ser la barrera más común y obviamente el dinero es indispensable para irse de viaje y para sostener la vida que dejamos. En nuestro recorrido, que durará más de 300 días, tenemos que seguir aportando al sistema de seguridad social, pagar impuestos, ayudar a nuestras familias, mantener a nuestro perro, pagar el seguro médico y en general hacernos cargo de todas esas responsabilidades que trae la vida adulta. Sin embargo hay muchas formas para tener el dinero para viajar, la nuestra es ahorrar, pero también hay quienes durante el viaje encuentran formas para sostenerse como trabajar en los lugares que visitan o por internet, enseñar idiomas o algún oficio e inclusive vender algo que ellos mismos hacen.

En cualquiera de los casos es importante hacer un presupuesto previo y llevar un control adecuado de los gastos para evitar quedarnos sin dinero a la mitad del recorrido.  En nuestros viajes le damos prioridad a invertir en las experiencias, lo que vivimos en cada lugar al final es lo que nos llenará de aprendizajes y recuerdos, y buscamos alojamientos, comidas y transportes económicos.

 

No puedo dejar mi trabajo

Cuando hicimos nuestro primer viaje alrededor del mundo en 2011, fue la decisión más difícil e intentamos que en nuestros trabajos nos dieran una licencia, sin embargo un día un amigo (que estaba a punto de emprender un viaje de 7 meses) nos dijo “¡Hay que tenerse confianza!” y esa frase fue suficiente para que al día siguiente renunciáramos.  También es lo que nos dijimos al tomar la decisión por segunda vez.  Hemos sido buenos en nuestro trabajo, tenemos una red de contactos importante y aún si no conseguimos empleo rápidamente, podemos hacer trabajos por nuestra cuenta como dar clases o escribir, así es que aunque da mucho miedo regresar y no tener una fuente permanente de ingresos ¡hay que tenerse confianza! y retomar los contactos un mes antes de volver para que desde los primeros días ya haya algunas puertas abiertas.

 

No podría viajar tanto tiempo

Esta barrera está muy relacionada con el apego.  Nos apegamos a la vida que llevamos. A despertarnos en nuestra cama deliciosa, a desayunar arepa con chocolate, al trancón para ir al trabajo, a los compañeros de oficina, al corrientazo de la esquina, a la Club Colombia, a los amigos y por supuesto a la familia.  Y es muy difícil dejar nuestra zona de confort.  Muy difícil.  Sin embargo cuando damos ese paso, la vida se llena de posibilidades, de lugares hermosos que ni siquiera sabíamos que existían, de personas maravillosas que nos transmiten enseñanzas inimaginales, de comida que podría hacernos llorar de lo deliciosa que está.  Es muy difícil dejar las cosas que nos hacen felices cada día, pero justamente eso es la vida, un descubrimiento diario por el que vale la pena arriesgarse.

Emprender un viaje de larga duración significa cambiar completamente el estilo de vida.  No se trata ya de estar de vacaciones, ¡la vida es el viaje! y para que podamos disfrutarlo al máximo hay que viajar lento, asentarse un poco en los lugares que más nos gusten, emprender nuevas costumbres.  En nuestro viaje anterior, después del tercer mes nos sentimos un poco agotados, así es que retomamos algunas costumbres de nuestra cotidianidad como hacer deporte todos los días o sentarnos a leer en un café sin mayor preocupación que terminar el libro.

 

No me gusta dormir en cualquier lugar, no me gusta toda la comida

Cuando compartimos algunas anécdotas de los lugares donde hemos dormido o la comida que hemos probado, algunas personas inmediatamente rechazan la idea de no ir a un hotel 5 estrellas o de no comer en restaurantes con categoría Michelin.  Para quienes estas comodidades son prioridad, igual pueden hacer un viaje de larga duración (tendrán que tener más dinero, pero pueden hacerlo), para los demás, seguramente siempre encontrarán una buena opción con su presupuesto y, si un día no es así, ¡es parte del paseo! no hay que amargarse y al día siguiente vendrá algo mejor.

 

Tengo hijos

No es nuestro caso, pero hemos conocido muchos viajeros que recorren el mundo con sus hijos.  Se requiere más preparación seguramente, sin embargo por ejemplo conocimos a una pareja que viajaba con su bebé de 6 meses por Tailandia (y nadie era tan feliz como él en medio del calor y la humedad), a otra familia que hizo una caminata de 3 días en Nueva Zelanda con su hija de apenas dos años y a muchos otros que con hijos en edad escolar emprenden nuevas rutinas en las que les permiten aprender del mundo y de la vida a través de la experiencia.  Estos niños seguramente crecerán con una visión del mundo más completa que los hará mejores seres humanos.

 

Así es que dejemos atrás las excusas, concentrémonos en lograr ese sueño que nos hemos propuesto y hagamos que nuestra vida, aquí y ahora, sea tan completa y maravillosa como siempre la hemos soñado.

 

Publicado originalmente en ELTIEMPO.COM


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